EL ACUERDO DE PARÍS

En diciembre de 2015, prácticamente todos los países del mundo —195 en total; Siria y Nicaragua son los únicos que no son parte— se sumaron al primer pacto global para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, que contribuyen a aumentar la temperatura global. Fue un logro diplomático histórico.

Los estudios científicos indican que si las emisiones de los gases de efecto invernadero continúan al paso actual, las temperaturas atmosféricas seguirán aumentando y podrían pasar el umbral de dos grados Celsius más respecto a la temperatura preindustrial. Eso significa que el mundo será más caliente, que los niveles del mar incrementarán, las tormentas e inundaciones serán más fuertes, al igual que las sequías, y que habrá escasez alimentaria y más condiciones extremas.

La idea del Acuerdo de París es que cada país, desarrollado o no y sin importar su PIB, establezca metas para reducir las emisiones de dióxido de carbono para prevenir esos efectos.

El presidente Donald Trump  anunció que Estados Unidos se retirará del acuerdo. Esto no necesariamente acabará con el pacto, pero podría socavar los esfuerzos globales para reducir el calentamiento global y prevenir un cambio climático más drástico.

El Acuerdo establece una vía para avanzar hacia la limitación del aumento de la temperatura a menos de 2 °C, quizá incluso a 1,5 °C, y contempla un mecanismo para incrementar el grado de ambición de las aspiraciones al respecto. El Acuerdo de París constituye un acuerdo ambicioso, dinámico y universal que abarca a todos los países y todo tipo de emisiones y está diseñado para perdurar. Se trata de un acuerdo de proporciones monumentales que consolida la cooperación internacional en materia de cambio climático y establece una vía de avance. Asimismo, transmite el mensaje firme a los mercados de que ha llegado el momento de invertir en una economía de bajas emisiones y contempla un marco de transparencia orientado a fomentar la confianza mutua.

 

El Acuerdo constituirá un instrumento importante de movilización del apoyo tecnológico y financiero y de creación de capacidad para los países en desarrollo. También contribuirá a redoblar los esfuerzos realizados a escala mundial para afrontar y reducir al mínimo las pérdidas y los perjuicios derivados del cambio climático. París ha sido un comienzo: ahora toca aplicar el Acuerdo

El Acuerdo exige a todos los países que adopten medidas, a la vez que reconoce la diversidad de sus situaciones y circunstancias. En virtud del Acuerdo, los países asumen la responsabilidad de adoptar medidas tanto de mitigación como de adaptación. Los países presentaron oficialmente sus propias medidas de lucha contra el cambio climático establecidas a escala nacional. Asimismo, tienen la obligación de aplicar estos planes, lo que, en tal caso, contribuirá al descenso de la curva de aumento previsto de la temperatura mundial. El Acuerdo no sólo formaliza el proceso de elaboración de planes nacionales, sino que también establece el requisito vinculante de evaluar y examinar los avances logrados en la ejecución de aquellos.

Este mecanismo exigirá que los países renueven y fortalezcan continuamente sus compromisos, además de garantizar que no se produzcan retrocesos. El Acuerdo supone también una señal de aviso por parte de los gobiernos que indica su disposición a aplicar la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible

En la siguiente imagen se explicarán los puntos más importantes del acuerdo de París.

¿Cómo puedo ayudar a combatir el cambio climático? En la siguiente imagen está la respuesta.

REFERENTES:

THE NEW YORK TIMES

Naciones Unidas

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